Ciencia
Un experimento reproduce la turbulencia que mueve el interior de planetas y estrellas
Un equipo internacional ha reproducido en un dispositivo de laboratorio un régimen de turbulencia que se creía característico de sistemas mucho mayores, un avance para estudiar cómo se transporta el calor y se generan campos magnéticos en planetas y estrellas.
Un equipo internacional de físicos ha conseguido reproducir en un experimento de laboratorio un tipo de turbulencia que se considera importante en el interior de planetas y estrellas. El resultado, difundido por la Universidad de Coventry el 20 de octubre de 2026, permite estudiar en un dispositivo de tamaño reducido movimientos de fluidos que, en la naturaleza, se desarrollan a escalas enormes y bajo condiciones difíciles de observar.
La investigación se centra en un régimen conocido como turbulencia sin difusión, o diffusivity-free turbulence. Durante décadas, los modelos teóricos habían anticipado que este comportamiento podía aparecer en sistemas sometidos a rotación y calentamiento. Sin embargo, reproducirlo en un recipiente de laboratorio resultaba complicado porque las paredes alteraban el movimiento del fluido. El nuevo experimento ha encontrado una forma de reducir ese obstáculo y medir el comportamiento esperado.
Qué tiene que ver la turbulencia con el interior de un planeta
La turbulencia es un movimiento irregular de un fluido que aparece cuando las corrientes interactúan a distintas escalas. En el interior de la Tierra, de otros planetas y de las estrellas, los materiales se mueven por diferencias de temperatura y densidad. El calor genera corrientes, la rotación del cuerpo modifica su trayectoria y la combinación de ambos procesos puede organizar movimientos complejos.
En la Tierra, el movimiento del hierro líquido del núcleo externo está relacionado con la generación del campo magnético que protege al planeta frente a parte de las partículas cargadas procedentes del espacio. En el Sol y otras estrellas, los movimientos del plasma contribuyen a procesos magnéticos que se manifiestan en ciclos de actividad, manchas y fenómenos energéticos. Comprender la turbulencia ayuda, por tanto, a explicar cómo se transporta la energía y cómo se mantienen determinados campos magnéticos.
El reto de recrear un fenómeno extremo en un recipiente
Los experimentos terrestres tienen una limitación evidente: el fluido debe estar contenido en algún lugar. Las paredes generan fricción y pueden modificar las corrientes, especialmente cuando el objetivo es estudiar un régimen que depende de la rotación y de la transferencia de calor. Esa influencia puede impedir que aparezcan las condiciones que los modelos predicen para el interior de un planeta o una estrella.
El grupo buscó una configuración en la que el movimiento estuviera dominado en mayor medida por las propiedades internas del fluido y no por los límites del recipiente. Para ello recurrió a la convección oscilatoria, un patrón que puede aparecer en fluidos con un número de Prandtl bajo. Este parámetro compara la difusión de la cantidad de movimiento con la difusión térmica. Los metales líquidos y los plasmas presentan valores bajos, lo que los convierte en sistemas especialmente útiles para estudiar ciertos procesos astrofísicos y geofísicos.
Por qué utilizaron galio líquido
El experimento empleó galio, un metal que puede permanecer líquido cerca de la temperatura ambiente. Su comportamiento permite investigar fenómenos de fluidos conductores sin tener que reproducir las temperaturas extremas del interior de una estrella. El galio no es una copia del material que forma el núcleo terrestre ni del plasma solar, pero ofrece propiedades físicas que permiten estudiar determinados aspectos de la dinámica de los metales líquidos.
El dispositivo se hizo girar y se calentó desde abajo, mientras el sistema se enfriaba desde arriba. Esta configuración reproduce el principio de la convección: el fluido calentado tiende a ascender y el más frío desciende. La rotación cambia la organización de las corrientes y puede favorecer patrones que no aparecen en un recipiente estático.
Calor, velocidad y temperatura bajo observación
Los investigadores no se limitaron a observar el movimiento. Midieron tres indicadores fundamentales: la transferencia de calor, la velocidad del flujo y las variaciones internas de temperatura. Los resultados se aproximaron a las predicciones teóricas que describían el régimen de turbulencia sin difusión. Además, simulaciones informáticas independientes respaldaron la interpretación de las mediciones.
La coincidencia entre experimento, teoría y simulación es importante porque cada método tiene limitaciones distintas. Los modelos matemáticos permiten explorar condiciones imposibles de reproducir a escala real, pero dependen de las aproximaciones que se introducen. Las simulaciones ayudan a estudiar detalles del movimiento, aunque también requieren validación. Un experimento físico aporta una comprobación independiente de que el fenómeno puede existir bajo condiciones controladas.
Qué puede aportar a la investigación de la Tierra y el espacio
El avance no permite observar directamente el núcleo terrestre ni predecir por sí solo la evolución del campo magnético. Su aportación es más concreta: proporciona una plataforma experimental para comprobar las leyes que describen el transporte de calor y el movimiento de fluidos en condiciones de rotación intensa y baja difusión térmica.
Una mejor comprensión de esos procesos puede ayudar a perfeccionar modelos del interior de planetas rocosos, gigantes gaseosos y estrellas. También puede mejorar la interpretación de simulaciones que intentan explicar por qué algunos cuerpos generan campos magnéticos duraderos y otros no. La comparación entre sistemas tan distintos requiere cautela, ya que las composiciones, presiones, temperaturas y escalas son muy diferentes.
Un puente entre la física de laboratorio y la astrofísica
La física experimental utiliza con frecuencia materiales accesibles para estudiar procesos que ocurren en lugares remotos. Un laboratorio no necesita reproducir cada condición de un planeta para poner a prueba una ley general. Basta con encontrar un sistema que comparta las propiedades relevantes y permita medirlas con precisión.
En este caso, el galio líquido ofrece una oportunidad para estudiar cómo la rotación y la convección organizan el movimiento. La investigación también demuestra por qué los avances no siempre consisten en construir instrumentos más grandes o alcanzar temperaturas más elevadas: a veces, la clave es elegir un régimen físico que permita aislar el fenómeno que interesa.
Qué preguntas siguen abiertas
Los científicos todavía necesitan determinar cómo se comporta este régimen en configuraciones más complejas y hasta qué punto los resultados pueden trasladarse a diferentes cuerpos celestes. También interesa explorar cómo cambia la turbulencia cuando varían la rotación, la geometría del sistema y las propiedades del fluido.
La investigación es un paso metodológico relevante, no una explicación definitiva del funcionamiento de todos los campos magnéticos planetarios. Aun así, permite acercar dos ámbitos que suelen parecer lejanos: los experimentos realizados sobre una mesa de laboratorio y los procesos que se desarrollan a miles o millones de kilómetros de distancia.
La ciencia avanza precisamente mediante esa combinación de observaciones, hipótesis y pruebas. Igual que los modelos sobre la estabilidad del glaciar Thwaites dependen de conocer lo que sucede bajo el hielo, los modelos planetarios necesitan comprender los movimientos invisibles que se producen bajo las superficies.
Publicación del estudio
El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad de Coventry, la Universidad de California en Los Ángeles, el Princeton Plasma Physics Laboratory, el Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf y la Universidad de Colorado Boulder. Los resultados se publicaron en Physical Review Letters y fueron destacados como sugerencia editorial de la revista.
También puedes leer nuestro análisis sobre la enzima bacteriana que rompe ciertos plásticos biodegradables y el estudio que ha encontrado una vía experimental para recuperar corales afectados por el blanqueamiento.
Ciencia
El glaciar del Juicio Final podría elevar el nivel del mar más de lo previsto
Un nuevo modelo de investigadores de la Universidad de California en Irvine advierte de que el glaciar Thwaites, en la Antártida occidental, podría contribuir con hasta 30 milímetros a la subida global del mar antes de 2100.

El glaciar Thwaites, una de las masas de hielo más vigiladas de la Antártida, vuelve a situarse en el centro de la investigación climática. Un nuevo modelo desarrollado por científicos de la Universidad de California en Irvine y el Jet Propulsion Laboratory de la NASA apunta a que su contribución a la subida del nivel del mar podría ser mayor de lo calculado hasta ahora. El trabajo estima que este glaciar podría añadir hasta 30 milímetros al nivel medio global del mar de aquí a 2100 y advierte de la posibilidad de que pierda una elevación submarina que hoy ayuda a frenar su avance.
La cifra no significa que el océano vaya a subir de golpe tres centímetros ni que ese resultado esté garantizado. Se trata de una proyección condicionada por la evolución del hielo y del océano, pero pone el foco en una zona especialmente sensible: el punto donde el glaciar deja de apoyarse en el lecho rocoso y comienza a flotar sobre el agua marina.
Por qué el glaciar Thwaites preocupa a los científicos
Thwaites se encuentra en la Antártida occidental y ocupa una posición estratégica dentro de un sistema de hielo mucho mayor. Su tamaño, su velocidad de desplazamiento y la configuración del terreno bajo su superficie hacen que sea uno de los glaciares más estudiados del planeta. En los medios se le conoce como el «glaciar del Juicio Final», una etiqueta llamativa que puede inducir a pensar en un colapso inmediato. La realidad científica es más compleja: los investigadores estudian procesos que pueden desarrollarse durante décadas y que dependen de la interacción entre hielo, océano y geología.
El problema no es únicamente cuánto hielo pierde cada año, sino cómo cambia la zona de contacto con el fondo marino. Esa franja, denominada zona de anclaje o línea de apoyo, funciona como una frontera dinámica. Cuando el agua relativamente cálida penetra por debajo de la plataforma de hielo, puede aumentar el deshielo desde abajo y desplazar esa frontera hacia el interior del continente.
El agua cálida se introduce bajo el hielo
El nuevo modelo incorpora una representación más detallada de la zona de anclaje, una región de varios kilómetros en la que el hielo está en contacto con el lecho y con el agua del océano. Esta precisión importa porque los modelos anteriores podían simplificar demasiado la geometría de ese contacto. Si el agua marina alcanza zonas que antes permanecían protegidas, el hielo pierde apoyo y queda más expuesto a un retroceso acelerado.
El mecanismo no requiere que el aire se caliente de forma adicional para continuar actuando. Una vez que la circulación oceánica transporta agua más templada hacia la base del glaciar, el calor puede favorecer el deshielo y modificar la estabilidad de la plataforma. Esto no significa que el calentamiento global deje de ser determinante: la temperatura del océano y la atmósfera, la circulación marina y la pérdida de hielo están conectadas dentro del sistema climático.
Una elevación submarina que puede dejar de actuar como freno
El estudio también analiza la posibilidad de que Thwaites pierda una cresta o elevación del lecho marino que actualmente contribuye a estabilizar parte de su frente. Estas estructuras topográficas pueden actuar como puntos de apoyo. Si el retroceso del hielo hace que la línea de anclaje supere esa barrera, el glaciar podría quedar expuesto a una configuración menos estable.
Según la síntesis difundida por la Universidad de California en Irvine, el modelo calcula una probabilidad cercana al 60 % de que se pierda ese elemento estabilizador bajo los escenarios analizados. La cifra debe leerse dentro de las hipótesis del modelo y no como una fecha exacta para un colapso. Los científicos trabajan con escenarios porque no pueden observar directamente todas las condiciones futuras del océano y del hielo.
Qué significan 30 milímetros para las costas
Una subida de hasta 30 milímetros atribuible a un solo glaciar puede parecer pequeña si se expresa en centímetros. Sin embargo, el nivel del mar responde a la suma de muchas fuentes: la expansión térmica del agua, el deshielo de glaciares de montaña y la pérdida de masa de las grandes capas de hielo de Groenlandia y la Antártida. Cada contribución adicional aumenta la presión sobre ciudades costeras, puertos, humedales y sistemas de drenaje.
Además, el impacto no se distribuye de manera idéntica en todos los lugares. Las corrientes oceánicas, la gravedad, los movimientos verticales del terreno y la forma de las costas hacen que el cambio relativo del nivel del mar varíe entre regiones. Por eso, las proyecciones globales deben combinarse con estudios locales para planificar defensas costeras y adaptación.
La importancia de medir lo que ocurre bajo la superficie
La Antártida es difícil de estudiar. Las condiciones extremas, el espesor del hielo y la distancia complican las observaciones directas. Los satélites permiten medir cambios en la altura y el movimiento del hielo, mientras que las campañas oceanográficas y los instrumentos instalados en el entorno del glaciar aportan información sobre las temperaturas y las corrientes. Los modelos numéricos reúnen esos datos para probar cómo podría evolucionar el sistema.
La investigación sobre Thwaites forma parte de una pregunta más amplia: hasta qué punto los grandes glaciares responden de manera gradual o pueden atravesar umbrales que aceleren su retroceso. No todos los cambios son irreversibles, pero algunos procesos pueden mantener una pérdida de hielo durante mucho tiempo incluso si las condiciones externas dejan de empeorar.
Un aviso para la investigación climática, no una predicción apocalíptica
El valor del nuevo trabajo está en mejorar la representación física de una región que hasta ahora resultaba difícil de modelizar. No demuestra que Thwaites vaya a desaparecer antes de una fecha concreta, ni permite atribuir toda la futura subida del mar a este glaciar. Sí indica que la interacción entre el océano y la base del hielo merece más atención y que las estimaciones pueden cambiar cuando se incorporan detalles geográficos decisivos.
La evolución de los polos también está relacionada con otros cambios ambientales. Como explicamos en nuestro análisis sobre la recuperación de los corales afectados por el blanqueamiento, los ecosistemas marinos responden a alteraciones térmicas mediante mecanismos complejos y, en ocasiones, sorprendentes. En ambos casos, comprender el proceso físico o biológico es esencial antes de plantear soluciones.
El seguimiento de Thwaites continuará siendo una prioridad para los equipos internacionales. Cada nueva medición de la línea de anclaje, la temperatura del agua y la velocidad del hielo ayudará a reducir la incertidumbre. La conclusión más sólida, por ahora, es que la estabilidad de este glaciar depende tanto de lo que sucede sobre la superficie como de lo que ocurre, lejos de la vista, bajo kilómetros de hielo.
Fuentes científicas
La investigación ha sido difundida por la Universidad de California en Irvine y se apoya en un nuevo modelo desarrollado junto a investigadores del Jet Propulsion Laboratory de la NASA. La estimación de hasta 30 milímetros corresponde a las proyecciones descritas por el equipo y no debe interpretarse como un resultado inevitable.
Lee también: la enzima bacteriana que puede degradar determinados plásticos y el experimento que reproduce en laboratorio la turbulencia del interior de planetas y estrellas.
Ciencia
Descubren una enzima bacteriana capaz de degradar ciertos plásticos y descomponer penicilina
Investigadores de la Universidad de Constanza han identificado una enzima bacteriana con capacidad para romper determinados poliésteres biodegradables y también penicilina, una doble actividad que abre nuevas preguntas sobre contaminación y resistencia a antibióticos.

Una enzima identificada en bacterias que viven en comunidades microbianas asociadas a materiales plásticos ha sorprendido a los investigadores por una capacidad doble: puede degradar determinados poliésteres biodegradables y también romper penicilina. El hallazgo, realizado por un equipo de la Universidad de Constanza y publicado en The ISME Journal, ofrece pistas sobre cómo algunos microorganismos aprovechan ciertos polímeros como recurso, pero también plantea preguntas sobre la relación entre la degradación de materiales y la resistencia a los antibióticos.
Los científicos han apodado a la proteína «enzima Pac-Man» por la abertura de su centro activo, la región donde se producen las reacciones químicas. Su interés no reside en que sea capaz de devorar cualquier residuo plástico —no lo hace—, sino en que reúne actividades que normalmente se estudian por separado. La investigación ayuda a comprender mejor la adaptación de las comunidades bacterianas a un entorno en el que los materiales sintéticos se han vuelto omnipresentes.
La plastisfera, un ecosistema sobre los residuos
Cuando un objeto de plástico llega al suelo o al agua, su superficie puede ser colonizada por bacterias, hongos y otros microorganismos. Con el tiempo se forman biopelículas y comunidades complejas que los científicos denominan plastisfera. En ese entorno, los microbios compiten, intercambian sustancias y pueden desarrollar estrategias para utilizar compuestos que antes no formaban parte de su hábitat.
La mayoría de los plásticos convencionales resiste la degradación biológica. Sus cadenas moleculares son difíciles de romper y pueden persistir durante décadas o más, fragmentándose en partículas cada vez menores. Algunos materiales biodegradables, en cambio, contienen enlaces químicos que determinadas enzimas pueden atacar. La diferencia entre ambos grupos es fundamental: que una bacteria degrade un poliéster concreto no significa que pueda descomponer una botella fabricada con polietileno o cualquier otro plástico habitual.
Cómo localizaron la enzima
Los investigadores Harry Lerner y David Schleheck estudiaron comunidades microbianas implicadas en la descomposición de materiales biodegradables. Para identificar los organismos y las herramientas moleculares que intervenían, analizaron la composición de esas comunidades y su información genética mediante técnicas de metagenómica. El objetivo era encontrar genes que codificaran proteínas capaces de romper las cadenas de los polímeros.
La proteína identificada presentaba características de las esterasas, enzimas que pueden romper enlaces éster presentes en determinados poliésteres. Sin embargo, su estructura también mostraba semejanzas con las beta-lactamasas, una familia de enzimas bacterianas conocida por su capacidad para inactivar algunos antibióticos, entre ellos la penicilina, al romper una parte esencial de su estructura química.
Una misma proteína, dos reacciones distintas
Las pruebas de laboratorio confirmaron que la enzima podía actuar sobre cadenas de poliéster y sobre penicilina. En el primer caso, rompía el polímero en unidades más pequeñas, los monómeros. En el segundo, podía abrir el anillo beta-lactámico que forma parte de la estructura del antibiótico. Esta coincidencia fue la principal sorpresa del trabajo.
La conexión es relevante porque la resistencia bacteriana a los antibióticos constituye un problema de salud pública mundial. Algunas bacterias producen beta-lactamasas para neutralizar medicamentos antes de que puedan interferir en la construcción de su pared celular. No obstante, hay que separar con cuidado lo que se ha demostrado de lo que todavía se desconoce: que una enzima aislada pueda degradar penicilina en un experimento no demuestra por sí solo que proporcione resistencia clínica a la bacteria que la produce.

¿Puede ayudar a eliminar la contaminación por plástico?
El descubrimiento aporta una pieza más al estudio de la biodegradación, un campo que busca aprovechar microorganismos o enzimas para tratar residuos difíciles de gestionar. Si se conocen las proteínas que rompen determinados enlaces, los investigadores pueden estudiar cómo mejorar su estabilidad, su velocidad de reacción o su funcionamiento en condiciones controladas.
Pero el potencial no debe confundirse con una solución inmediata. La enzima descrita no convierte todos los residuos plásticos en materia inocua, ni existe todavía un proceso industrial demostrado que permita utilizarla para limpiar océanos o vertederos. Su actividad se dirige a determinados poliésteres y materiales biodegradables. Los plásticos convencionales, con estructuras químicas distintas, siguen planteando un desafío mucho mayor.
Para que estas herramientas biológicas tengan un impacto amplio también importa el diseño de los productos. Si un material se fabrica con enlaces que los microorganismos pueden romper, su tratamiento al final de la vida útil puede resultar más sencillo en instalaciones adecuadas. Eso no significa que cualquier producto etiquetado como biodegradable desaparezca rápidamente en el mar o en un entorno natural: las condiciones de temperatura, humedad, oxígeno y actividad microbiana determinan el proceso.
La posible relación con la resistencia a los antibióticos
La segunda actividad de la enzima obliga a estudiar con más detalle qué ocurre en las comunidades microbianas que colonizan los residuos. Los genes que permiten aprovechar un sustrato pueden estar relacionados evolutivamente con otros mecanismos metabólicos. En el caso de esta proteína, la semejanza funcional con las beta-lactamasas abre una línea de investigación sobre cómo evolucionan las enzimas y cómo se distribuyen sus capacidades.
Eso no permite afirmar que la contaminación plástica esté provocando directamente nuevas infecciones resistentes. Para establecer una relación de ese tipo sería necesario demostrar que la enzima se expresa en bacterias vivas en condiciones ambientales relevantes, que modifica su sensibilidad a los antibióticos y que ese efecto tiene consecuencias medibles. El estudio ofrece una señal molecular que merece atención, no una prueba de un riesgo sanitario inmediato.
Una adaptación microbiana en un planeta lleno de materiales sintéticos
Los plásticos modernos llevan pocas generaciones formando parte de los ecosistemas. Aun así, las comunidades microbianas pueden explorar nuevas fuentes de carbono y energía cuando aparecen compuestos accesibles. La plastisfera funciona como un laboratorio evolutivo en el que los organismos interactúan con materiales que no existían durante la mayor parte de la historia de la vida.
Este tipo de investigación recuerda que los problemas ambientales rara vez tienen una única dimensión. La contaminación, la microbiología y la salud pública pueden cruzarse en procesos que al principio parecen independientes. Algo parecido ocurre en el océano, donde el calentamiento puede afectar a organismos que dependen de asociaciones biológicas muy específicas. Un estudio reciente de Stanford, por ejemplo, ha mostrado que determinados corales blanqueados pueden recuperar sus algas simbiontes mediante el contacto con fragmentos sanos genéticamente idénticos. Puedes leerlo en nuestro artículo sobre la recuperación de corales blanqueados en siete semanas.
Qué falta por investigar
Los siguientes pasos pasan por conocer mejor la estructura de la enzima, medir su eficacia sobre distintos materiales y determinar qué condiciones favorecen cada una de sus actividades. También será necesario estudiar si la capacidad de romper antibióticos tiene algún efecto real sobre la supervivencia de las bacterias en su entorno natural.
La investigación no ofrece todavía una tecnología lista para desplegar a gran escala, pero sí identifica una proteína con propiedades poco habituales. En ciencia, comprender por qué una enzima puede actuar sobre dos tipos de moléculas tan diferentes puede ser tan importante como la posible aplicación práctica. La respuesta podría ayudar a diseñar nuevos sistemas de reciclaje biológico y, al mismo tiempo, a vigilar mejor las interacciones entre contaminación y microbiología.
Fuente científica
El trabajo de Harry Lerner, Diego Casaburi, Nele Charlott Meier y colaboradores se publicó en The ISME Journal en 2026 con el título «Bacterial family-VIII esterase displays dual activities: hydrolysis of polyester bioplastics and β-lactam antibiotics».
Relacionado: el nuevo modelo sobre el glaciar Thwaites y la turbulencia extrema reproducida en un laboratorio.
Ciencia
Un contacto de apenas unos días puede ayudar a recuperar corales
Un estudio de Stanford publicado en Science Advances demuestra que fragmentos de coral blanqueado pueden recuperar sus algas simbiontes al entrar en contacto con clones sanos, aunque la técnica todavía está lejos de poder aplicarse a gran escala.

Un experimento realizado por investigadores de la Universidad de Stanford ha mostrado que algunos corales gravemente afectados por el blanqueamiento pueden recuperar su color y su funcionamiento en apenas siete semanas si entran en contacto con fragmentos sanos genéticamente idénticos. El resultado, publicado en la revista Science Advances en octubre de 2026, revela una vía natural de transferencia de algas simbiontes que podría inspirar nuevas estrategias de restauración de arrecifes.
La observación resulta llamativa porque los corales blanqueados suelen tener pocas posibilidades de recuperarse con rapidez. Cuando el agua se calienta demasiado, expulsan las algas microscópicas que viven en sus tejidos y que les proporcionan buena parte de la energía necesaria para crecer. Sin esas compañeras, pierden su color, se debilitan y quedan más expuestos a enfermedades y a la colonización por otros organismos.
Qué ocurre cuando un coral se blanquea
Los corales son animales, aunque a menudo se confundan con plantas o formaciones rocosas. Muchos viven en asociación con microalgas llamadas simbiontes, que realizan la fotosíntesis y transfieren nutrientes al organismo hospedador. A cambio, encuentran protección y acceso a sustancias que necesitan para vivir. Esta relación permite que los arrecifes prosperen en aguas relativamente pobres en nutrientes.
Cuando la temperatura del mar aumenta durante demasiado tiempo, la relación se altera. El coral sufre estrés y puede expulsar parte o la totalidad de sus algas simbiontes. El tejido se vuelve transparente y deja ver el esqueleto blanco que hay debajo. El blanqueamiento no significa necesariamente que el animal haya muerto, pero sí que atraviesa una situación de vulnerabilidad. Si el estrés continúa, puede perder tejido y morir.
Una observación accidental que abrió una investigación
La idea del experimento surgió después de una observación en el laboratorio. En 2025, el investigador Steve Palumbi detectó que dos fragmentos procedentes de una misma colonia, uno sano y otro blanqueado, habían quedado apoyados entre sí. En la zona de contacto, el fragmento afectado comenzó a recuperar su color. Aquello sugirió que el contacto físico podía facilitar el paso de las algas beneficiosas.
Danny Collins, autor principal del estudio, investigaba cómo se transmiten las enfermedades entre corales y se preguntó si el contacto también podía servir para transferir organismos beneficiosos. El equipo diseñó entonces un experimento para comprobar si un fragmento sano podía ayudar a recuperar a otro blanqueado cuando ambos procedían del mismo individuo original.
El experimento con fragmentos sanos y blanqueados
Los investigadores prepararon diez parejas de fragmentos de Pocillopora damicornis. Cada pareja estaba formada por una pieza sana y otra blanqueada que compartían el mismo genotipo, es decir, eran clones. En cinco parejas los fragmentos se colocaron en contacto directo. En las otras cinco se mantuvo una separación de apenas unos milímetros.
La diferencia fue contundente dentro de las condiciones del ensayo. Los fragmentos blanqueados que tocaron a sus equivalentes sanos recuperaron su estado y su color en un plazo de siete semanas. Los que permanecieron separados no se recuperaron y acabaron muriendo. El resultado mostró que la proximidad por sí sola no bastaba: el contacto físico permitía una conexión entre los tejidos.
Cómo se transfieren las algas que devuelven la vida al coral
Mediante microscopía, el equipo observó que los tejidos de los fragmentos genéticamente idénticos podían fusionarse. Pequeños canales internos se alineaban y creaban una vía de comunicación entre ambos. A través de esa conexión pasaban algas simbiontes y nutrientes desde el coral sano hacia el blanqueado.
Los científicos detectaron el movimiento de las algas en los primeros días. Una vez dentro del fragmento afectado, los simbiontes comenzaron a multiplicarse. Durante la segunda semana, su población llegó a duplicarse aproximadamente cada cuatro días, una velocidad muy superior a la observada habitualmente en corales que se recuperan en condiciones naturales.
El equipo también separó algunas parejas después de distintos periodos de contacto. En varios casos, cinco días fueron suficientes para iniciar la recuperación, aunque una semana de contacto ofrecía resultados más consistentes. Una vez recibida una cantidad suficiente de algas, el fragmento blanqueado podía continuar recuperándose sin permanecer unido al coral sano.
Por qué la técnica solo funciona con clones compatibles
Uno de los límites principales es que la fusión de tejidos depende de la compatibilidad genética. Los fragmentos utilizados en el experimento procedían del mismo individuo y compartían el mismo genotipo. Cuando se ponen en contacto corales de genotipos diferentes, pueden producirse respuestas de rechazo o interacciones antagonistas que impiden la misma conexión.
Esta condición complica la aplicación directa del método en arrecifes naturales. Un arrecife está formado por numerosas colonias y genotipos distintos. No sería sencillo localizar para cada coral blanqueado un fragmento sano compatible y colocarlo en contacto durante el tiempo necesario. Además, cualquier intervención debe evitar daños adicionales y respetar la complejidad del ecosistema.
Una posible herramienta para la restauración de arrecifes
Los resultados no constituyen todavía un tratamiento que pueda aplicarse de forma generalizada en el océano. El experimento se realizó en condiciones controladas y con una especie concreta. Antes de trasladar la técnica al medio natural habrá que comprobar si funciona en otras especies, bajo distintas temperaturas y con las condiciones variables de luz, corrientes y nutrientes que caracterizan a los arrecifes.
Sin embargo, el hallazgo puede orientar nuevas estrategias. Una posibilidad sería identificar y conservar algas simbiontes de corales resistentes para introducirlas en organismos debilitados. Otra línea de trabajo consiste en encontrar métodos que permitan transferir los simbiontes sin necesidad de mantener unidos físicamente dos fragmentos compatibles. Los investigadores quieren explorar alternativas que puedan funcionar a una escala mayor.
El calentamiento del océano sigue siendo el problema de fondo
La recuperación experimental no elimina la causa principal del blanqueamiento masivo: el estrés térmico asociado a las olas de calor marinas. Si la temperatura permanece elevada, incluso un coral que ha recuperado sus simbiontes puede volver a sufrir estrés. La restauración puede ayudar a ganar tiempo y proteger colonias concretas, pero no sustituye la reducción de las presiones que degradan los arrecifes.
Los arrecifes coralinos albergan una enorme diversidad de especies y ofrecen protección costera, alimento y recursos económicos a numerosas comunidades. Su deterioro afecta a la pesca, al turismo y a la capacidad de las costas para amortiguar el oleaje. Por eso, cualquier avance que mejore la supervivencia de los corales merece atención, siempre que se evalúen sus límites y sus efectos ecológicos.
Una pista biológica con potencial, pero todavía experimental
La principal aportación del estudio es demostrar que un coral blanqueado no siempre necesita esperar meses para recuperar sus simbiontes. En determinadas condiciones, el contacto con un clon sano puede acelerar el proceso y permitir que la población de algas vuelva a crecer dentro del tejido afectado. Es una demostración de un mecanismo natural que hasta ahora no se había aprovechado de esta manera.
La investigación también recuerda que las relaciones entre organismos pueden ser decisivas para la resistencia de los ecosistemas. En otros entornos, los microorganismos muestran capacidades inesperadas, como la enzima bacteriana estudiada por la Universidad de Constanza que puede degradar ciertos poliésteres y actuar sobre penicilina. Puedes conocer ese hallazgo en nuestro artículo sobre la enzima que rompe determinados plásticos biodegradables.
El estudio publicado en Science Advances
El trabajo, dirigido por Daniel S. Collins junto a investigadores de Stanford y otros centros, se publicó el 14 de octubre de 2026 en Science Advances con el título «Rapid coral bleaching recovery via symbiont transfer from healthy corals». Sus resultados ofrecen una base para investigar nuevas formas de acelerar la recuperación de arrecifes, aunque los propios autores subrayan que todavía hacen falta pruebas antes de pensar en una aplicación a gran escala.
La conservación marina necesitará combinar distintas herramientas: reducir el calentamiento, proteger los hábitats, limitar la contaminación y mejorar las técnicas de restauración. El contacto entre corales clonales puede convertirse en una de esas herramientas en el futuro, pero su mayor valor inmediato es haber revelado un proceso biológico que abre nuevas preguntas y posibilidades.
Relacionado: el riesgo que plantea el glaciar Thwaites para el nivel del mar y el experimento que reproduce la turbulencia del interior de planetas y estrellas.
Ciencia3 horas haceDescubren una enzima bacteriana capaz de degradar ciertos plásticos y descomponer penicilina
Ciencia3 horas haceEl glaciar del Juicio Final podría elevar el nivel del mar más de lo previsto
Ciencia3 horas haceUn contacto de apenas unos días puede ayudar a recuperar corales
Cultura: Historia, Viajes y Sociedad4 horas haceLos perros más listos del mundo: las 10 razas más inteligentes
Estilo de Vida: Salud, Tecnología y Tendencias3 horas haceCBD Barcelona: tu tienda online para disfrutar del CBD
Actualidad en España y el Mundo2 horas haceAtaques a Yandex: la guerra alcanza los centros de datos


















¿Y si este T Rex marino aún existe en algún océano profundo?
¿No podría ser esta señal una prueba de vida extraterrestre?
¿Y si probamos a reducir el gasto público en vez de subir impuestos?
Yamal de verdad puede llevar a este equipo joven a la gloria mundial
los jóvenes prefieren Netflix a la magia del teatro